Posteado por: jaimetinoco | 8 abril 2010

LA CRISIS

¿Qué está pasando en nuestra ciudad que cada vez se ve mayor cantidad de personas vendiendo toda clase de mercaderías en plena calle?

Para decirlo con más exactitud, las ventas las realizan entre los automovilistas.

Los vendedores se aprovechan cuando el semáforo marca alto para meterse entre los automóviles a  ofrecer su mercancía.

Es frecuente ver como esos hombres se juegan la vida al meterse entre los vehículos en pleno movimiento, en busca de un futuro comprador.

Si un manejador se interesa por alguna de las baratijas, el vendedor se sube al carro, llevándolo ante un tipo que cuida grandes cajas de cartón que guardan toda clase de objetos para automóvil.

Nosotros suponemos que esta forma de vender en plena calle, es una maniobra de unos vivillos para defraudar al fisco, por  no dar comprobante de ninguna especie en los compras.

Aparentemente, el negocio se antoja ratonero, pero no lo es tanto, si se toma en consideración que por toda la ciudad se ven esa clase de comerciantes.

Pero estos no son todos los vendedores que molestan a los automovilistas. De un tiempo para aca se han soltado vendedores de ramos de rosas.

Es tal la cantidad de vendedores de pañuelos desechables, que un visitante pensaría que la ciudad fue asolada por una epidemia de gripe y que todos sus habitantes andan con las narices sueltas.

No podrían faltar los vendedores de frutas, aguacates o golosinas, quienes haciendo alarde de manejo de la charola, mantienen en orden su bien acomodada mercancía, a pesar del ajetreo.

Todavía nos falta hablar de las parvadas de chiquillos pedigüeños y vendedores de chicles. Causa pena ver a tiernas criaturas, unas ofreciendo su mercancía y otras pidiendo dinero.

Dejamos al último a los latosos chamacos que se enciman en los cofres de los automóviles, dizque para limpiar los parabrisas, quedando la mayoría de los veces más sucios de lo que estaban.

En la vida de cada niño pedigüeño se oculta una tragedia. Los que no son abandonados por sus padres, son enviados por estos a implorar la caridad pública. Muchos pequeñuelos abandonan sus hogares por ser víctimas de malos tratos. Otros más se dedican a la vagancia, a una vida de aventuras por provenir de hogares deshechos, donde imperan los vicios y la podredumbre moral.

Algunas criaturas se exponen a sufrir un grave percance al subir y bajar de los camiones vendiendo chicles y golosinas. Claro que con el tiempo se les desarrollan habilidades de chango, pero un camión en movimiento, siempre representa un peligro. A los niños se les encuentra luchando bravamente por la vida en todo género de actividades. Lo mismo venden diarios, que cargan canastas, que bailan una rumba para obtener algún dinero.

ESTOS PARRAFOS NO SON DE MI AUTORIA, DE HECHO SON EXTRAIDOS DE LA REVISTA: “LA FAMILIA BURRON” DEL NUMERO 769 DE JULIO 02 DE 1993, QUIEN ERA ESCRITA POR GABRIEL VARGAS.

No cabe duda de que las cosas no han cambiado y hasta parece que no se agravan, más bien permanecen de igual forma año con año, sexenio tras sexenio, partido tras partido político, crisis tras crisis.

¿Será que de tanto ver estas imagenes urbanas, nos vamos acostumbrando?

¿Ustedes que opinan?

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